jueves, 29 de enero de 2009

La Sed

Todo, y al mismo tiempo nada, pasó por su mente en aquel momento: la sed de sangre, su sabor, la sensación de tener una vida en sus manos, de saber que era él quien decidía si alguien vivía o moría; se sentía un dios, pero había descubierto bruscamente que no lo era. Quiso apartar esas imágenes de su cerebro, y lo logró, puesto que había sido él quién las había evocado.

Entonces empezó a recordar algo que estaba profundamente enterrado en su memoria: su primer amor, su primera víctima, la primera vez que se había alimentado de sangre, todo parecía tan real, como si lo estuviera viviendo de nuevo.

De este modo, empezó a contarle su historia:

Dicen, que poco antes de morir toda nuestra vida pasa ante nuestros ojos, como si de una película se tratara. Pero ahora, soy capaz de confirmar que esta afirmación es completamente falsa. Si quiero que mi vida pase por delante de mis ojos, tal y como la he vivido, sin que parezca un sueño, debo ser yo quién la recuerde y la haga pasar. Si realmente quieres conocer mi historia, cierra los ojos, y la película comenzará.

Siempre quise ser el guionista de mi propia vida, y durante mucho tiempo creí que así había sido, pero resultó que no era yo quién la regía, si no que me movía al compás de la melodía que cantaban mis más viles instintos.

Tenía solo 15 años cuando la sentí: la sed. Intenté saciarla, pero ni el agua, ni los refrescos, ni siquiera el alcohol tuvieron los efectos deseados. Recorrí la casa buscando algo que me saciara durante horas, hasta que me corté con una de las botellas que había tirado al suelo en plena desesperación. Siguiendo un acto reflejo, me llevé el dedo herido a los labios, y entonces noté como parte de mi sed desaparecía, ¡allí estaba! La solución, mi propia sangre había logrado calmar mis ansias por beber.”

- Cuéntame algo sobre tú primera víctima. – Él levanto la vista. Aquella extraña mujer acababa de pronunciar al fin sus primeras palabras.

Hasta ahora, no había dicho absolutamente nada, simplemente había permanecido allí sentada, frente a él, escuchándole, escudriñando cada uno de sus gestos, cada uno de sus movimientos.

Era la primera vez que él la observaba detenidamente. Era joven, muy guapa, aunque demasiado pálida y sus ojos… Aquellos ojos oscuros estaban repletos de expresividad, de rabia, pero también de tristeza. Sergio no pudo evitar preguntarse qué es lo que le había ocurrido, qué podría haberla hecho sentir así: tanta rabia acumulada, tanta tristeza de la que no se había podido deshacer…

“¿Mi primera víctima? Fue tres días pues de haberla sentido, de haber comprendido que la sangre era lo único que calmaba mi sed. Supe que si no bebía pronto, si no saciaba aquella apremiante necesidad, enloquecería. Supe también, por supuesto, que no podía alimentarme de mi propia sangre, a pesar de haber sido ésta la que había logrado saciarme en un principio, la que me había ayudado a descubrir cuál era el remedio para mi enfermedad.

Había pasado esos tres días en casa, en la cama, por orden de mi madre, que al verme tan pálido y notar que no tenía ningún apetito pensó que estaba enfermo. De repente, recibí una visita inesperada: la chica más guapa de clase, la chica de la que yo estaba enamorado, vino a verme, preocupada por mi ausencia en el instituto. ¡No me lo podía creer! Mi madre la dejó pasar, y ella se sentó a mi lado. Empezamos a hablar y en aquel momento pude verlo, pude leerlo en sus ojos, me amaba, y deseaba que me recuperara. Fue el instante más feliz de mi vida, pero duró poco, ya que sin poder evitarlo mi mirada se dirigió instintivamente hacia su cuello, hacia aquel hermoso cuello en el que latían venas y arterias. La sed se adueñó de mí, y sin pensarlo dos veces, la acerqué a mí y me alimenté de su sangre. La maté, y sufrí muchísimo en ese momento, nunca había sido ni intención matarla, pero no había logrado controlar mi ansía. Aterrado por lo que pudiera ocurrirme huí de casa, salí por la ventana, saltando al árbol más próximo, y corriendo hasta que estuve lejos. Me escondí durante meses, esperando que nadie me encontrara y sobreviviendo a base de la sangre de los animales que se cruzaban en mi camino. Tuve mucho tiempo para reflexionar y, al menos durante un mes lloré la muerte de la chica a la que amaba, pero descubrí que quizá a ella le hubiera gustado morir así. Ella me amaba, había muerto para salvarme, para que yo pudiera seguir viviendo, no era algo tan malo. Aquel amor que había leído en sus ojos era real, y si así era, ella hubiera estado dispuesta a hacer ese sacrificio por mí, y así lo hizo.

Pese a lo que pensaba, no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas al hablar de ese capítulo de su vida, que creía cerrado hacía ya tanto tiempo. Miró a su interlocutora, y para su sorpresa, vio que ella también lloraba. Sin embargo, las suyas eran lágrimas diferentes, en su mirada había rabia, además de tristeza e impotencia. Se preguntó qué la habría hecho sentirse así, pero no se atrevió a dirigirse a ella sobre ese tema en voz alta. Sin embargo, deseaba preguntarle algo:

- Has venido a matarme, ¿no es así? ¿Me matarás ahora que te he contado lo que querías saber?

- Está bien – dijo ella, haciendo caso omiso de su última pregunta – tú ya me has contado tu historia, al menos la parte que necesitaba saber, dejaré que ahora escuches cuál es la mía, aunque te haré un resumen. ¿Sabes? Hace 20 años yo tenía una hija, una niña preciosa. Contaba con solo tres años cuando su madre desapareció. Una noche, mientras volvía a casa, alguien me atacó, y me mordió en el cuello; creí que iba a morir allí mismo, pero no fue así, desperté con una nueva percepción de la realidad, y con una apremiante sed que comprendí como sed de sangre y sacié pronto con un viandante desprevenido. Sabía que no podía volver así a casa, tanto mi marido como mi hija corrían peligro, así que dejé que me dieran por desaparecida. Pero nunca me alejé demasiado, siempre estuve vigilando a mi pequeña, la vi crecer y enamorarse por primera vez, y fue ese amor el que la mató. Sí, como te estás imaginando, tu primera víctima, la chica a la que amabas, era mi hija, mi preciosa niña, y me la arrebataste con tus propias manos. Debía vengarme, Dios sabe que debía hacerlo, así que ingresé en la policía, me convertí en inspectora, y conseguí un permiso para venir a verte. ¿Aún no te has dado cuenta? Toda esa historia que me has contado es solo un cuento, una forma que tiene el miedo de evadirte de tu realidad, no eres ningún vampiro, eres un asesino que ha matado jóvenes sin mostrar piedad alguna durante los últimos tres años, hasta que la policía dio contigo y te atrapó. No dejaré que escapes de la realidad. Vas a morir hoy, en la silla eléctrica, y espero que sufras, que sufras todo lo que han sufrido tus víctimas y sus familias.

Una vez hubo terminado de hablar se levantó y miró al asesino a los ojos, estaba completamente anonadado, entonces él le dijo:

- Te equivocas, no soy ningún asesino, realmente soy un vampiro, las maté por necesidad, ellas sirvieron a una noble causa.

- Esperaba que dijeras eso, por eso te he traído un regalo.

Sacó una pequeña jeringuilla de su bolso, y se la clavó al preso en el cuello, empujando el émbolo hasta que todo su contenido hubo penetrado en su torrente sanguíneo. Él intentó gritar, pero ningún sonido salió de su garganta.

- Tranquilo, es normal que durante unos minutos no puedas decir nada, pero después serás consciente de todo: te he inyectado una sustancia que hará que percibas la realidad, sin que tengas ninguna oportunidad de evadirte. Tendrás consciencia de todo hasta el momento en el que exhales tu último suspiro.

Se fue, dejándole allí, pero observó su cara, su expresión mostraba auténtico pánico. Una sonrisa afloró en los labios de aquella inspectora, había cumplido su objetivo, y había llevado a cabo su venganza. Ahora podría morir en paz. Salió al tejado, y observó el amanecer, los primeros segundos al menos, hasta que dejó de sentir, y su cuerpo se convirtió en cenizas, que una ráfaga de viento esparció por toda la ciudad.

Fin

Sergio guardó el documento y lo copió en una memoria portátil. Ahora solo le quedaba llevarlo a la editorial y en un par de meses estaría en las tiendas. Se sentía orgulloso, aquella historia era la mejor que había escrito. Se preparó para marcharse, pero empezó a sentirse sediento. No era el mejor momento, pero hacía tiempo que había prometido no cazar en el trabajo, así que tendría que salir a buscar su comida. Su editora podría esperar, al fin y al cabo, él era su mayor fuente de ingresos, por eso se amoldaba a sus deseos y a su horario y trabajaba siempre de noche…

martes, 13 de enero de 2009

Una musa, por favor

Creo que nunca he pedido gran cosa, y ahora que necesito algo, que estoy pidiendo una musa, que la llamo, ha decidido dejarme sola. No sé si se está vengando de mí por haberla sobreexplotado en algún momento ya pasado, o si simplemente no le caigo bien y no quiere estar a mi lado. Sé que no soy un ser muy sociable, pero nunca pensé que a las musas les importara. Las siento cuando están a mi lado, sé que están allí, ayudándome, apoyándome, susurrándome al oído la palabra adecuada cuando no consigo encontrarla, y sin embargo ahora, cuando me siento frente al papel, pluma en mano, lo único que siento es el vacío. El vacío que se cierne a mi alrededor, está allí, siempre, incluso cuando estoy rodeada de gente, pero se acentúa cuando cojo la pluma y vienen a mi mente ideas y palabras que no sé cómo unir, no sé hacerlas fluir sin ayuda. ¿Habré agotado a mi musa? ¿Volverá? Seguiré buscándola, y llamándola cada día, esperando que regrese, porque no sé si podré vivir sin ella.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Esta noche es Noche Buena, y mañana....

Sus ojos, los de aquella dulce niña, se perdieron lentamente en la hoguera que ardía en la pequeña chimenea de la casa del pueblo. Había protestado, no quería pasar allí las navidades, y les había dicho a sus padres que se aburriría mucho. Pero no era eso lo que temía, era algo más infantil, tenía miedo de que Santa Claus no encontrara la chimenea por la que bajar, que no supiera que estaba allí, y llevaba todo un año esperando esa mágica noche. Así que se sentó a admirar el fuego.

Veía como las llamas bailaban, las veía tintinear sobre aquel tronco que se iba consumiendo lentamente, al mismo tiempo que sus párpados caían cansados, agotados tras un duro día de protestas y enfados.

Despertó de repente de aquella ensoñación, cuando no quedaban ya más que cenizas en la chimenea, y escuchó un ruido, un sonido que no hizo que se estremeciera, ni que sintiera miedo, si no que la instó a tumbarse en el suelo y hacer como que dormía, manteniendo un ojo abierto, sin dejar de observar el hogar.

De pronto, vio aparecer algo, una bota, seguida de una pierna recubierta con un pantalón rojo. Tuvo que contenerse para no dar saltos de alegría al ver a Papá Noel entrando por la chimenea: ¡se había enterado de que estaban allí! ¡Tendría regalos esta Navidad!

Y vosotros, ¿estáis ilusionados o protestáis? Os ofrezco un brindis, con champán virtual si es necesario: “Por un año cargado de ilusiones, de cuentos, de críticas, y de triunfos”


¡Feliz Navidad a todos!




martes, 2 de diciembre de 2008

Lamento el retraso

- Lo siento, llego tarde.

- Ya me he dado cuenta de ese pequeño detalle.

- Mucho tiempo sin escribirle, señor, le pido disculpas. Sin embargo, espero que no haya sido demasiado.

- Nunca es demasiado tiempo, siempre estaré dispuesto a escucharla a usted y a sus divertidos cuentos.

- ¿Me concede usted, entonces, Licencia Para Soñar?

- La tiene, claro está, sea bienvenida de nuevo, mi querida compañera. Será como siempre, recibida con los brazos abiertos.

- De veras, lamento el retraso….

Si un blog pudiera hablar….

viernes, 31 de octubre de 2008

Y darte las gracias


Mi cuerpo se estremece con un ligero temblor, hacía tanto tiempo que no estabas junto a mí, que casi había olvidado cómo te quería. Mis manos acarician todo tu cuerpo, y paseo mis dedos por tus puntos clave, presionando los que me interesan, mientras acerco mis labios a los tuyos, haciendo que emitas un suave gemido tras otro.

Había olvidado la sensación de tenerte aquí, a mí lado, como si solo estuviéramos tú y yo, como si el tiempo no existiera.

Pero el tiempo existe, y debo separarme de ti, no sin antes darte las gracias por estos maravillosos momentos.





Gracias por recordarme lo maravilloso que es poder sentirme parte de la música, poder ser yo quien la crea: Gracias

jueves, 16 de octubre de 2008

Locura, cordura

Locura, cordura: ¿dos términos opuestos o complementarios? ¿Qué es la locura sin la cordura? ¿Qué es la cordura sin la locura? ¿Qué es el ying sin el yang o el bien sin el mal?
¿Es la locura un estado mental, una forma de ser, un modo de vida? ¿Puede alguien ser loco y cuerdo a la vez?
Se sufre de locura, ¿y de cordura, puede sufrirse también? ¿Quién distingue entre locura y cordura: un loco o un cuerdo?

Una pequeña reflexión que me planteé hace poco. Siento teneros tan abandonados, pero estoy inmersa en un pequeño proyecto, tratando de escribir una novela. Espero poder publicar algo más a menudo.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Mensaje en una botella

Hace unos cuantos días que El Ente me lanzó esta botella, para que yo añadiera mi propio mensaje, y aquí está:

"Por un mundo sin necesidad de héroes."

Se supone que yo ahora debería lanzarla a un número determinado de blogs, pero haré algo mejor, os dejo el link con la imagen en blanco, para que quien tenga algún mensaje que añadir lo haga, sin ningún compromiso. Espero que la botella vaya dando la vuelta al mundo de internet, con los mensajes de muchos usuarios.

Aquí teneís la foto de la botella.


martes, 23 de septiembre de 2008

El hombre de su vida

Se paró allí, en mitad de aquel largo pasillo, a observarle. Pensó que era perfecto para ella, que podría ser él a quien llevaba buscando tanto tiempo. Era alto, esbelto, su cabello, recogido en una coleta, era negro azabache, y sus ojos eran de color azul intenso, haciendo que su mirada tuviera un aura misteriosa. Estaba apoyado contra la pared, inmerso en la lectura de un libro que ella había leído más de tres veces: “La República”, de Platón. Así que además de ser guapísimo, parecía una persona inteligente, y con buen gusto literario y filosófico.

Ella empezó a imaginarse cómo podría ser su vida junto a un hombre así. El podría ser profesor y ella… ella quería ser médico. Tendrían una casa preciosa, decorada con muy buen gusto y habitada también por un par de niños pequeños, con los ojos de su padre y la sonrisa de su madre.

Decidió entonces que ya era hora de dar un paso adelante, así que apartó sus ojos del cuadro que representaba al hombre de sus sueños, y siguió su camino por aquella galería de arte.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Heroína, ¿a qué precio?

Cuando levantó la cabeza, sus ojos parecían dos ardientes llamas, y su boca estaba cubierta de sangre. Ellos dos eran los últimos que quedaban con vida de toda la expedición, y le habían visto devorar a sus víctimas una tras otra. El ritual era siempre el mismo, nada de carne, únicamente engullía las vísceras. Mientras por algún extraño conjuro el corazón de sus víctimas aún latía, él comenzaba devorando su hígado, seguido del estómago y del bazo, y finalmente, el golpe decisivo, el corazón, que aún latía en el interior del pecho de la víctima. Por alguna razón, nunca devoraba los pulmones o los intestinos de los pobres infelices que iban a parar a sus fauces.

Marta y Roberto, los últimos de aquella expedición, llevaban un buen rato discutiendo cuál era la mejor manera de escapar de allí. Se les habían ocurrido muchísimos planes, pero ninguno de ellos sensato, o con una mínima posibilidad de llegar a buen puerto.

Cuando la bestia se sumergió de nuevo en su víctima, ellos continuaron con su discusión:

– Vamos a ver, Marta, aunque encontremos un modo de escapar de aquí, no servirá de nada si no logramos desatarnos. – Roberto trataba de parecer serio, pero el miedo se notaba en su voz.

Sin que él supiera porqué, una sonrisa burlona apareció en el rostro de Marta, que le mostró sus manos, libres ya de ataduras, y acto seguido, se colocó tras él para liberarle de las suyas.

– Pero… ¿cuándo te has desatado? Y, ¿por qué no me has dicho nada antes? – Roberto no podía ocultar su asombro ante la visión de las manos desatadas de su compañera.

– Me desaté hace poco, no te he dicho nada porque ese horrible ser estaba mirándonos, y no sé si puede o no entender lo que nosotros decimos. El último nudo y… ¡Deja de moverte, o no terminaré nunca! Ya está, eres libre, vayámonos con sigilo, por allí he visto antes una pequeña abertura, por la que podremos pasar. –

Salieron por aquel pequeño hueco, despacio, tratando de no hacer ningún ruido. Roberto se frotaba las muñecas, no podía creerse que hubieran podido escapar de ese ser con vida. Miró a su compañera, como si de repente no la conociera, y pensó que nunca le había visto demostrar tanta seguridad en sí misma. Marta se percató de que él no dejaba de mirarle embobado, así que hizo que volviera a la realidad:

– No me mires así, Roberto, esto no ha hecho más que empezar, debemos matar a esa bestia y salir de aquí, pero primero tenemos que averiguar cómo hacerlo. –

Al escuchar esas palabras, él se paró en seco:

– ¿Matarla? ¿Te has vuelto loca? ¿O es que has olvidado cómo han terminado todos nuestros compañeros? – Roberto miraba a su amiga como si realmente se hubiera vuelto loca, como si quisiera convertirse en una heroína de una de aquellas series de ficción que tanto le gustaban.

– Precisamente porque no he olvidado como han acabado nuestros compañeros debemos acabar con la bestia, para que nadie más pase por lo que ellos han pasado. – Volvió sobre sus pasos para agarrar a Roberto y hacerle continuar.

Caminaron por aquella cueva, hasta que las fuerzas empezaron a fallarles, y decidieron buscar algún lugar lo suficientemente seguro como para descansar. Encontraron una pequeña excavación natural, en la que podrían refugiarse hasta haber recuperado fuerzas. Roberto se sentó, con la espalda apoyada en la pared, y empezó a hablar:

– No me lo puedo creer, tenemos la oportunidad de buscar una salida para escapar de aquí, y a ti se te mete entre ceja y ceja que hay que matar a ese monstruo. No te reconozco, Marta, siempre había creído que eras una cobarde, pero mírate, buscando la forma de acabar con la bestia. Por una parte esto me resulta excitante: la adrenalina de la lucha, de la huída, el trabajo de nuestras neuronas buscando una solución al problema… Pero por otro lado, parece que estemos inmersos en una película de terror, una de esas en las que no sabes cuándo te darán el próximo susto, el problema es que en nuestro caso, el próximo susto podría ser el último… –

– Ven a ver esto, Rober. – Marta estaba absorta en algo que había en aquella pared, así que Roberto se levantó y se acercó.

– ¿Qué se supone que es eso? Parecen… No puede ser, hay algo escrito, ¿qué pone? –

Marta pasó el dedo por aquella escritura y leyó: – “Como mata, la bestia morirá.

Roberto parecía asombrado: – ¿Qué crees que significa? ¿La bestia se merece morir por haber matado tanto? –

Una chispa iluminó de repente los ojos de Marta, que se volvió hacia su compañero diciéndole: – No, es más sencillo que todo eso, significa que la bestia debe morir de la misma forma que mata a sus víctimas, ¡tenemos que comérnosla! –

– ¡¿QUÉ?! – Roberto no cabía en si de asombro, pensaba que Marta se había vuelto loca, así que intentó disuadirla: – Piénsalo bien, ¿crees que podremos sobrevivir si intentamos matarla? Es más, ya has visto como se come a sus víctimas, ¿crees que vamos a poder igualarlo? El corazón aún debe latir cuando lo devoremos, ¿cómo vas a conseguir algo así? –

– Mira con atención la pared, ¿ves los dibujos? Describen perfectamente como debemos abrirla para poder hacer con ella lo que ella misma ha hecho con nuestros compañeros. Lo he memorizado, no te preocupes, ahora debemos encontrar a esa

bestia. –

Comenzaron a recorrer a tientas la gruta en la que se encontraban, mirando en cada rincón, hasta que fueron invadidos por un nauseabundo olor, que les hizo saber que ya estaban cerca. Ralentizaron el paso, para no hacer ningún ruido que pudiera alertar al monstruo, hasta que lo encontraron, dormido en un rincón, rodeado de los cadáveres semidevorados de sus víctimas. En esta lucha, era Marta la que llevaba la voz cantante, así que ordenó a Roberto que entrara allí y sujetara las manos de la bestia. Una vez lo hubo logrado, ella invadió la escena, derramando un puñado de tierra sobre los ojos de la bestia, que dejó de imponer resistencia. Ninguno de los dos tenía un cuchillo ni ningún elemento punzante, así que usaron las propias garras de aquel ser para abrirle en canal, mientras su corazón aún latía.

Sin ningún tipo de duda, Marta comenzó a devorar el hígado, y Roberto, aún invadido por la inseguridad, siguió su ejemplo. Le hicieron a ella lo mismo que la habían visto hacer a todos sus compañeros, la devoraron poco a poco, terminando por su corazón, que aún latía, al igual que el de sus víctimas. Tras engullir el último fragmento de su corazón, lo que quedaba de la bestia, de desvaneció, convirtiéndose en polvo.

Marta y Roberto, permanecieron allí un rato, absortos en sus pensamientos, hasta que ella se levantó y tiró de él, obligándole a salir de su ensoñación. Aún algo aturdidos, vagaron por la cueva en busca de una salida, hasta que por fin la encontraron, y pudieron ver de nuevo la luz del día. Cuando sus ojos finalmente se acostumbraron a la deslumbrante claridad, pudieron divisar a varias personas, vestidas de amarillo, corriendo hacia ellos. Ambos estaba agotados, así que sus ojos se fueron cerrando poco a poco mientras oían palabras sueltas como: deshidratados, suero, sangre…

Cuando Marta despertó, estaba sola, en una blanca habitación de hospital. Quiso levantarse, pero algo la retenía en la cama, no supo de qué se trataba hasta que se miró las muñecas y vio que estaba esposada pero, ¿por qué? En ese momento, una enfermera entró a cambiarle el suero y, al ver que estaba despierta salió enseguida cerrando la puerta. Marta escuchó entonces voces que parecían venir del pasillo:

– Señor, sí, ya está despierta, puede subir cuando quiera. – Sobrevino un silencio, como si la enfermera estuviera recibiendo alguna indicación. – Está bien, se lo diré. –

Marta escuchó los pasos de aquella mujer, alejándose por el pasillo, y cinco minutos después vio abrirse la puerta, por la que apareció un hombre, que se identificó con inspector Reyes.

– ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué estoy esposada a esta cama? ¿Dónde está Roberto? – Las preguntas se agolpaban en la cabeza de Marta, mientras el inspector la miraba, impasible.

El inspector habló entonces con una voz que denotaba una gran seriedad: – Su compañero murió durante el traslado al hospital, su corazón había sufrido mucho, y los sanitarios no consiguieron reanimarle, lo siento. En cuanto a porqué está esposada, está usted detenida acusada de 28 asesinatos, con el agravante de canibalismo. –

Marta pensó que aquello no podía estar pasando, ella no había matado a nadie, únicamente a aquella bestia, para impedir que no matara a nadie más.

– No puede ser real… Yo no he matado a nadie. ¿Quiere saber lo que realmente pasó en la cueva? – El inspector asintió, esperando que Marta le diera alguna explicación.

Pensó que acusaría a Roberto, que intentaría librarse culpando a su compañero muerto, pero para nada se esperaba la explicación que escuchó salir de sus labios. Le habló de la bestia, de cómo habían escapado, de la inscripción en la pared y de cómo la habían matado devorándola hasta convertirla en polvo. Reyes no cabía en si de asombro, por la historia que le había contado, y por lo convencida que estaba ella, sin duda ella creía que lo que decía era verdad.

Por desgracia para Marta, nadie le creyó, y terminó siendo portada de todos los periódicos, como la asesina caníbal, que devoró a sus compañeros cuando aún estaban vivos. Fue examinada por varios psicólogos antes del juicio, en el que se alegó demencia.

Hoy en día, Marta está encerrada de por vida en un hospital psiquiátrico, lleva 20 años sin pisar la calle, pero le cuenta su historia a todo aquel dispuesto a escucharla. Sin embargo, hasta ahora, nadie la ha creído, todos la toman por una loca asesina, y hay quien cree que su locura fue únicamente una tapadera para evitar la cárcel, pero que se ha visto obligada a continuar con ella.

¿Está Marta realmente loca o dice la verdad? La versión oficial de la justicia dijo que perdió la cordura antes de cometer aquellos horribles crímenes. Tras tantos años, incluso la propia Marta ha comenzado a dudar de si salud mental, y se pasa todo el día encerrada en su habitación, pidiéndole perdón a Roberto, pensando que debería haberle hecho caso, y haber salido de aquella cueva sin hacerse la heroína, sin haber matado a aquella bestia… Sin embargo, en su interior alberga una extraña sensación, se siente bien, está orgullosa de haber acabado con ella, quién sabe cuántas personas se habrán llegado a salvar gracias a las acciones que decidió llevar a cabo en aquella cueva. ¿Fue Marta una asesina, o crees que fue una heroína?

viernes, 12 de septiembre de 2008

Y tú, ¿a qué esperas?

Dedicado a "MuÑeQuiTa_De_CueRo", gracias por la inspiración.

Lilyth no podía dejar de mirar como sus manos se entrelazaban entre sí, como sus dedos jugaban, incapaces de mantenerse quietos.
– Deberías intentar tranquilizarte – dijo una voz que ella no reconoció, mientras unas manos abarcaban las suyas con firmeza. Alzó la vista para encontrarse con un rostro que no había visto nunca, y antes de que pudiera decir nada, él habló de nuevo:
– ¡Vaya! – exclamó – tienes las manos heladas, ¿te encuentras bien?
Al percatarse de su reacción al escucharle, pensó que lo mejor sería dejarla sola con sus pensamientos, por lo que se alejó hacia el final de aquel largo pasillo, desapareciendo de su vista al recorrer la última curva.
Mientras tanto, ella viajaba ya por el mundo de los recuerdos, y es que, al escuchar aquellas palabras, visualizó el día en que él le había puesto un nuevo nombre, uno propio e intransferible, le había llamado “Lady Cold Hands”. Era la única persona que le llamaba así, y a Lilyth le invadía una extraña sensación cada vez que pronunciaba ese nombre.
De repente, se acordó de la razón por la que estaba allí esperando, convertida en un mar de nervios, y rompió a llorar. No quería perderle, quería que él siguiera llamándola “Lady Cold Hands”, y quería que aquella extraña sensación siguiera apareciendo cada vez que lo hacía. Derramó una lágrima por cada cosa que no había sido capaz de decirle, por cada cosa que le diría ahora si le dieran la oportunidad, y fueron muchas las lágrimas que resbalaron por sus blanquecinas mejillas.
Volvió entonces la vista hacia esa gigantesca puerta de metal, tras la que se encontraba el hombre del que estaba enamorada. “No te mueras”, pensó, “ni se te ocurra morirte, o nunca tendré la oportunidad de decirte lo que siento por ti”.
Al otro lado de aquella puerta, él estaba tendido en la mesa de quirófano, soñando, o recordando. Soñaba con el día en que la conoció, le había parecido tan hermosa, tan frágil como una muñeca de porcelana, pero a su vez fuerte, abrigada por su chupa de cuero. La había amado desde ese primer día, y supo que estaban hechos el uno para el otro. Sin embargo, por miedo al rechazo, o a alejarla de él, no se lo había dicho nunca. Tenía que salir de allí, debía sobrevivir, se sentía obligado a decirle lo que sentía por ella, así que decidió que saldría vivo de aquel quirófano.
Puede que todo aquello, los recuerdos, la ambición por sobrevivir, fueran simplemente un sueño o una alucinación producida por la anestesia, pero él lo recordaba perfectamente cuando despertó en la cama de la blanca habitación, con ella a su lado sosteniéndole la mano. Entonces, se dijeron sin rodeos todo lo que por miedo no se habían dicho hasta ahora, resultó que los temores de ambos eran infundados, estaban destinados, al fin y al cabo.
Y tú, ¿a qué esperas para decirle lo que sientes?

martes, 9 de septiembre de 2008

Audiorrelatos en el Mitorock

En el Mitorock han confiado en mí desde que empecé a escribir, y hace poco han adaptado tres de mis relatos a audio. Os recomiendo, que además de escuchar mis relatos, paséeis por el fantástico mundo que han creado a base de mitos y rock 'n' roll.

Desde aquí quiero dar las gracias a Charly y a Javi, por confiar en mí, y por ser tan buenos amigos.

Si quieres escuchar los relatos pincha aquí.

Espero que os gusten.

domingo, 7 de septiembre de 2008

La Obra (2ª Parte)

No era posible, se estaba representando una obra, sin público, ¡y sin actores! Entonces nos dimos cuenta de que no se trataba de que no hubiera actores, si no que nos costaba verlos, debido a su condición translúcida. En un principio nos pareció algo imposible, pero no podíamos negarlo, lo estábamos viendo con nuestros propios ojos, se trataba de una obra representada por fantasmas. No queríamos creérnoslo, pero cuando nos acostumbramos a la oscuridad que allí reinaba, pudimos verlos claramente, cada uno representando un papel, sin darse cuenta de que estábamos observándolos. Yo nunca había creído (o más bien no había querido creer) en esas cosas, pero no podía negar lo que estaba viendo, y tampoco conseguía encontrar una explicación racional a aquello.

No sabría decir cuánto tiempo llevábamos allí, observando en silencio, cuando apareció alguien de carne y hueso, al que Dani reconoció, y por cómo habló con él supuse que era el dueño del teatro. Discutieron, o más bien Dani discutió, ya que su interlocutor se mostraba bastante calmado, como si estuviera esperando a que él terminara de desahogarse. Al fin, conseguí que Dani se calmara, y le pedí a aquel hombre que dijera lo que tuviera que decir. Nos dijo que sentía habernos llevado hasta allí mediante engaños, pero que aquellas almas necesitaban ayuda, una ayuda que solo alguien que supiera escribir podría darles. Le pedí que nos contara su historia, y así lo hizo:

“Las que aquí veis, son almas en pena, se trata de una antigua compañía de teatro cuyos miembros murieron durante un ensayo debido a un incendio. Por desgracia, la obra que ensayaban estaba inacabada y tras el incendio el escritor desapareció. No sabían qué era lo que les había pasado, ni siquiera sabían que habían muerto, hasta que se dieron cuenta de que fuera del teatro, nadie podía verlos. Intentaron, en vano, buscar al escritor para que terminase la obra, pero al no encontrarlo, ellos se vieron condenados a repetir una y otra vez la misma escena, hasta que alguien escriba un final digno de ella. A mí me han enviado para ayudarles, por lo que trato de atraer hasta el teatro a los escritores más prometedores, para que alguno consiga liberar a estas pobres almas, pero por desgracia, hasta ahora ninguno lo ha logrado. La mayoría huyeron al conocer su historia, y los que se quedaron a intentarlo, sucumbieron a la presión. Sois su esperanza, por favor, ¿los ayudaréis?”

Antes de que yo pudiera decir nada, Dani se negó rotundamente. No me esperaba una respuesta así por su parte, por lo que le pedí que nos alejáramos del escenario un momento para hablarlo. Le dije que por mucho que se opusiera, yo pensaba ayudarles, no podía irme sabiendo que ni siquiera lo había intentado. Sabía que yo era muy testaruda, así que, aún a regañadientes, accedió. Volvimos al escenario, donde nos esperaba el dueño del teatro, al que se le iluminó la cara cuando le dijimos que yo intentaría ayudarles. Nos pidió que nos sentáramos y esperáramos, mientras él iba a buscar la obra que yo debía completar de forma satisfactoria.

Le hicimos caso, y nos sentamos allí, con la vista perdida en el escenario, como si estuviéramos hipnotizados por aquellas pobres almas que representaban la misma escena una y otra vez. De repente, Dani posó su mano sobre mi hombro, haciendo que un escalofrío recorriera mi espalda y, suavemente, con su otra mano, hizo que me volviera hacia él. Me miró a los ojos, y me confesó algo que me pilló completamente desprevenida. Me dijo que tuviera mucho cuidado, que no podría soportar perderme de nuevo. No tenía palabras para responderle, y parecía que él no iba a decir nada más, por lo que nos miramos, perdiéndonos cada uno en los ojos del otro, hasta que la vuelta del dueño rompió el hechizo que nos había atrapado. Me entregó la primera parte de aquella obra, y allí mismo comencé a leerla.

Desde la primera página, no tuve ningún problema para sumergirme en aquella obra, empapándome de todo lo que el escritor, que debía haber sido muy bueno en su tiempo, nos contaba en ella. Me identifiqué con los personajes, conociendo a cada uno de ellos como si yo misma los hubiera creado. Cuando llegué a la escena que debía terminar, empecé a ponerme nerviosa, porque no sabía si conseguiría estar a la altura de lo que ya había escrito. Dani debió de percibir mis nervios, porque me cogió de la mano y me susurró al oído que nadie podría hacerlo mejor que yo, que era la única esperanza de aquellas almas. Me infundió ánimos, así que comencé a escribir un final. Al principio me temblaba la mano debido a los nervios, pero según iba añadiendo palabras a aquella historia me sentía más segura, y logré terminarla sin ningún impedimento más. No recuerdo cuánto tiempo pasé escribiendo, pero sí qué fue lo que sentí cuando terminé. Me sentí completamente satisfecha, plena, como si hubiera hecho algo bueno por alguien. Y así fue. Aquellas almas, por fin pudieron finalizar la representación de su obra y finalmente fueron libres para marcharse. Sus rostros se iluminaron, y sus ojos recobraron la chispa que habían ido perdiendo progresivamente tras tantos años de cautiverio. De repente, una luz invadió el escenario, cegándonos momentáneamente. Cuando pudimos ver de nuevo, aquellas almas se habían marchado, libres al fin. Les siguió, no sin antes darnos las gracias por lo que habíamos hecho, el dueño del teatro, que nos recompensó entregándole a Dani las llaves del teatro, y las escrituras a su nombre. Él y yo nos quedamos allí parados un buen rato, aturdidos, tratando de asimilar lo que habíamos vivido. Cuando nos repusimos, Dani me miró, y con una sonrisa burlona me preguntó si no pensaba invitarle a desayunar. Me hizo reir, y salimos del teatro para coger su coche e ir hacia mi casa.

Creo que durante el camino, ninguno de los dos dejamos de pensar en la confesión que Dani me había hecho, y en aquel mágico momento que habíamos vivido en el teatro y a ambos nos había parecido eterno. Cuando llegamos, le invité a pasar y le ofrecí algo de comer, pero, antes de que diera cuenta, él me besó. Fue un beso mágico, como si los dos lleváramos muchísimo tiempo esperándolo. Le cogí de la mano, y le guié hasta el dormitorio, donde empezaron las caricias. No quedó ningún centímetro de nuestros cuerpos sin recorrer, y la ropa que llevábamos voló por toda la habitación, hasta que finalmente nos fundimos en un único ser. Nos dormimos abrazados el uno al otro, como si hiciera siglos que no dormíamos ni descansábamos, como si no quisiéramos volver a separarnos nunca.

Me desperté cuando los primeros rayos de sol se colaron entre las cortinas, pero estaba sola en la cama. Creyendo que todo había sido un sueño, me puse el albornoz, y bajé a la cocina, pero un olor a café recién hecho me hizo ver que todo lo que había pasado el día anterior había sido real. Allí estaba Dani, preparando un gran desayuno. Me quedé observándole un buen rato, temiendo que aquello fuese un sueño y fuese a despertarme en cualquier momento, pero al verme, una preciosa sonrisa apareció en sus labios, esos labios que habían recorrido todo mi cuerpo hacía unas horas, se acercó a mí despacio, depositó un suave beso en mis labios, y me dijo: “Buenos días, mi amor, ¿me invitas a desayunar?”

domingo, 31 de agosto de 2008

IV Día Internacional Del Blog.

Interrumpo mis rutina de subir relatos por éste acontecimiento, y porque así os doy algo para leer hasta que yo termine mis exámenes, que empiezan mañana.

Hoy se celebra el IV Día Internacional del Blog. Los organizadores han propuesto aprovechar este evento para publicar e interconectar a todos los bloggers del mundo, por lo que se ha pedido que cada blog recomiende cinco blogs. Yo voy a recomendar seis, ¡ale!

Mitorock - Radio Vallekas

Aquí tenéis el blog de éste fantástico programa de Radio Vallekas, os invito a adentraros en él, en sus entrevistas, en sus relatos... Desde aquí un beso para Charly y Javi, dentro de poco tendréis un regalito por aquí.

A Solas Con El Ente

"...si al final has decidido venir a compartir un poco de tu tiempo conmigo, acomodate...y, sobre todo,...cierra bien todas las puertas y ventanas..." Una reciente amistad cibernética, que crece poco a poco entre tantas letras. Estoy deseando que le publiquen un libro y me lo mande firmado.

Sombra y Ceniza


Este hombrecillo lleva casi tres meses sin actualizar, pero sus relatos son capaces de transportaros a otros mundos, os invito a comprobarlo por vosotros mismos.

12 Gatsu No Yoru Ni

Si os gusta el J-Rock, éste es vuestro blog de descargas directas. Esta mujer está haciendo un trabajo impresionante, os lo recomiendo, de veras.

Slimdoe's Blog

Slimdoe nos deja aquí sus reflexiones, y un trocito de su vida con ellas, espero que os guste.

Esfera Surreal

Los relatos de Mina, con los que tenéis risas aseguradas.

jueves, 28 de agosto de 2008

La Obra (1ª Parte)

“¿Dónde está mi musa? ¿Quién la ha atrapado? ¿Por qué hace tanto tiempo que no aparece a mi lado? Busco, pero no la encuentro, esa palabra perdida, esa chispa que hace que despierte en mí la inspiración, a la que llevo tanto tiempo esperando. Quizá no la haya buscado bien, quizá sea ella la que tiene que venir a mi, la que tiene que buscarme, la que debe…”

A la mierda, al igual que Daniel, el protagonista principal de mi obra de teatro, yo tampoco estaba inspirada, así que decidí tomarme un descanso para pensar en otra cosa, para alejar mi mente de aquellas palabras que no querían tomar forma en mi cerebro, que se resistían a salir.

Necesitaba descansar y recuperar energías, por lo que me dirigí a la cocina y me preparé una taza de café bien cargado. Taza en mano, salí a la terraza en busca del cobijo y los susurros de las estrellas, que siempre me habían ayudado a tranquilizarme, a olvidarme de todo. Saboreé el café que había preparado y, cuando empezaba a desconectar de la realidad, un timbrazo me devolvió a ella de golpe. Maldije entre dientes el teléfono y a quien fuera que llamara a esas horas y me dirigí al salón a contestar. Al otro lado de la línea, Dani se percató de mi tono de enfado, y sin siquiera saludar me pidió disculpas por llamar tan tarde. Le dije que no pasaba nada, que estaba despierta. Me recriminó el que llevara una semana sin salir de casa, y me dijo que había algo que quería enseñarme, por lo que le propuse que viniera a comer el día siguiente y de allí iríamos a dónde él quisiera. Prácticamente sin tomarse tiempo para pensarlo aceptó mi propuesta, así que quedamos en mi casa a las doce, y colgamos el teléfono.

Pensé que me vendría bien desconectar un rato de tanta inspiración, intrigas amorosas y fantasmas, y no había nadie mejor que Dani para ello. Había sido mi mejor amigo durante los años que duró el instituto, pero al salir de él nos perdimos la pista. Él estudió Bellas Artes en la universidad, y yo continué escribiendo, consiguiendo que algunas de mis historias se publicaran en revistas literarias. El destino, tan caprichoso como siempre, había hecho que nos volviéramos a encontrar siete años después. Dani estaba trabajando para una compañía de teatro, montándoles los escenarios, ayudando con el vestuario y con todo lo que tuviera que ver con la ambientación. Una de las actrices de la compañía había leído alguna de mis historias y habló con la directora, pidiéndole que me contrataran para escribir una obra. Ella accedió, y mandó a Dani a hablar conmigo. Cuando le vi llamar a mi puerta, no me podía creer lo que veían mis ojos, era él, prácticamente no había cambiado nada, y cuando me sonrió, supe que el también me recordaba. Desde ese momento, entablamos de nuevo nuestra amistad, justo donde la habíamos dejado, como si esos seis años no hubieran pasado. Seguíamos compenetrándonos como en el instituto, cuando uno era parte del otro, y yo escribía cada vez con más fluidez y mayor originalidad.

Ya había pensado suficiente por una noche, así que me acosté, olvidándome de programar la alarma para despertarme el día siguiente, un gran fallo, ya que salí de la cama entre timbrazos y tuve que abrirle la puerta a Dani en pijama, y sin haberme dado tiempo siquiera a peinarme o lavarme la cara. Tras las correspondientes burlas y alusiones a mis despistes, dejé a Dani sentado en la cocina y subí a ducharme y vestirme. No le había preguntado dónde quería llevarme, así que decidí ponerme ropa informal, opté por unos vaqueros y una camiseta negra lisa. Cuando terminé y bajé a la cocina me llevé una grata sorpresa, ya que me encontré con la mesa puesta y la comida servida. Desconocía que supiera cocinar, y menos aún cocinar tan bien, yo no había comido tan a gusto desde hacía bastante tiempo, y menos aún desde que empecé a escribir la obra.

Durante la comida hablamos poco, y la mayoría de lo que dijimos fueron trivialidades, hasta que cuando llegó el momento del postre, Dani me preguntó cómo llevaba la obra. Sabía cómo iba a acabar aquella conversación, así que directamente le dije que no le iba a dejar leerla hasta que estuviera terminada y maldije la hora en la que le conté que el protagonista principal llevaba su nombre. Siempre acabábamos igual, pero yo tenía la manía de no dejar que nadie leyera algo de lo que escribía sin que estuviera terminado, y él no iba a ser una excepción. Decidí desviar la conversación y le pregunté qué era lo que quería enseñarme. Al mirar el reloj, su cara cambió por completo, me dijo que si no nos dábamos prisa llegaríamos tarde y se levantó de golpe de la silla. Terminé de beberme el café y sin darme tiempo a levantarme por mi misma, Dani me cogió de la mano y tiró de mí, llevándome hasta la puerta a paso rápido. Seguimos así hasta llegar a su coche, cuando por fin me soltó para abrirme la puerta delantera y hacerme entrar. Cuando empecé a protestar me dijo que me calmara, que a su debido tiempo sabría a dónde íbamos, pero que no había tiempo para explicaciones, ya que llegábamos tarde.

Debía de ser una cita muy importante para él, porque nunca le había visto conducir de esa forma. Por fin, aparcó el coche y cuando bajamos me explicó que había encontrado un teatro perfecto para la representación, pero que quería que yo lo viera, y había quedado con el dueño para que nos lo enseñara justo entonces. Nos dirigimos a la puerta principal, pero allí no había nadie y cuando Dani la golpeó con los nudillos se abrió con un extraño chirrido. Pensamos que quizá el dueño estaba dentro, ya que en el escenario nos había parecido ver luz, por lo que nos adentramos despacio hacia el patio de butacas, mientras Dani llamaba al dueño, pero nadie contestaba. De repente, escuchamos lo que nos pareció un grito que provenía del escenario. Nos miramos durante un segundo, quizá menos, y de la mano salimos corriendo hacia el escenario, pero, cuando llegamos, nuestros ojos no dieron crédito a lo que allí veían.


CONTINUARÁ

miércoles, 20 de agosto de 2008

La Persecución

Y allí estaba de nuevo, atada en el asiento trasero de aquel coche negro. No era la primera vez, y no sé cómo lo hacían, pero siempre conseguían engañarme para que subiera a él por voluntad propia. Siempre me prometía que no volvería a subir, pero no podía evitar hacerlo, me atraía demasiado.

Antes de arrancar, se notaba ya perfectamente la tensión que existía entre la pareja del asiento delantero y yo, que intentaba mentalizarme para lo que vendría a continuación. Ya había pasado por eso antes, así que sabía lo que debía hacer, cerrar los ojos y esperar a que el coche arrancara, y empezara la persecución. Cuando la mujer de delante vio lo tranquila que yo parecía, se lo recriminó a su marido, que ni siquiera se preocupó de mirarme, contestando a su esposa que pronto me daría cuenta de dónde me había metido.

Finalmente arrancamos, tranquilamente al principio, hasta que comenzó la persecución y la velocidad empezó a subir. Me daba miedo abrir los ojos y mirar a mí alrededor, pero la curiosidad venció al temor, y decidí abrirlos y no perderme nada de aquella carrera. Con cada curva, con cada subida o bajada, mi corazón golpeaba con más fuerza contra mi pecho, hasta que pareció que la persecución había acabado y el coche frenó bruscamente. Una vez más, la mujer de delante miraba a su marido, pero en esta ocasión, además, le gritaba. Lo hacía de una forma tan precipitada que no logré entender ni una sola palabra de lo que dijo, pero vi que el marido se reía, aumentando así la furia de su esposa.

Creí que todo había acabado ahí, pero de repente, las sirenas comenzaron a sonar y el coche arrancó de nuevo, esta vez con una velocidad aún mayor que la primera. Mi corazón latía tan fuerte que ya ni siquiera podía escuchar los gritos de la mujer que estaba sentada delante de mí. Finalmente, y esta vez fue real, todo terminó, el coche frenó y pude libarme de mis ataduras y pisar de nuevo el suelo.

Había sido, una vez más, un emocionante viaje en una Montaña Rusa.

sábado, 16 de agosto de 2008

La bola de cristal

Silvia llevaba tiempo queriendo ver el futuro, hasta que aquel día, al fin, lo consiguió. En una tienda perdida en el centro de la ciudad, encontró lo que había estado buscando, una bola de cristal, cuyo manual de instrucciones estaba prácticamente intacto. Su instinto la había guiado bien hasta allí, sabía que no todas las bolas se habían perdido cuando la magia se prohibió. Miró a su alrededor para cerciorarse de que nadie la veía, y se adueñó de la bola, pagando por ella un precio menor de lo esperado, y es que, por semejante tesoro, ella hubiera estado dispuesta a pagar muchísimo más. Introdujo su adquisición en la mochila y salió de la tienda, convirtiéndose en una viandante más de las calles de aquella inmensa ciudad.

Se moría de ganas por llegar a casa y descifrar la bruma gris del interior de la esfera, pero quería pensar mientras se dirigía hacia allí, y algo le decía que tendría que luchar consigo misma, por lo que decidió no coger el metro. Odiaba aquellos inmensos gusanos metálicos que se deslizaban por debajo de la ciudad, así que no usaba ése medio de transporte a no ser que fuera estrictamente necesario. Decidió caminar hasta su casa y, mientras sus pies le guiaban, ella se concentraba en la discusión que se estaba llevando a cabo en su cabeza. Estaba acostumbrada a aquellas discusiones, era como si dentro de su cabeza hubiera dos personas distintas, con opiniones totalmente contrarias, sobre todo cuando se trataba de magia. Ésta vez era peor, había conseguido encontrar un elemento que estaba prohibido en la sociedad en la que vivía, si la descubrían, la pena sería la misma que se les había aplicado a muchos antes que a ella: la muerte.

¿Estaba dispuesta a correr el riesgo de morir simplemente por conocer su futuro? Sí, claro que lo estaba, llevaba muchísimo tiempo esperando ése momento, y no quería demorarlo más, así que aceleró sus pasos para poder llegar cuanto antes a su casa. Se concentró de tal forma en llegar lo antes posible, que no escuchó la voz que en su cabeza le decía que conocer el futuro es más peligroso de lo que parece.

Tras la larga y rápida caminata llegó por fin a su casa y, una vez allí, cerró con llave y cerrojo la puerta de la calle y corrió todas las cortinas, quedando el hogar iluminado únicamente por dos lámparas de tenue luz. Se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, y se dispuso a leer el libro de instrucciones de su bola de cristal, aunque sabía que probablemente no era necesario, ya que había leído todo lo que había encontrado sobre éstos artilugios. Sin embargo, leyó las instrucciones completas, y una vez hubo terminado de leerlas, cogió su nuevo tesoro y lo colocó frente a ella, de modo que pudiera ver bien su interior.

Siguiendo las instrucciones, el primer paso que dio fue liberar su mente de todo pensamiento que en ella hubiera, para así dejarla en blanco. A continuación, simplemente debía concentrarse en el momento que deseaba ver, y la bola se lo mostraría, pero tenía que ser cautelosa, puesto que ésta únicamente le enseñaría un momento, y no volvería a mostrarle más hasta haber recargado energías, y Silvia no sabía cuánto tiempo tardaría en cargarse de nuevo.

Se decidió por pedirle a la bola que le mostrara el momento en el que sus sueños se verían cumplidos, y así lo hizo. Le mostró un momento 20 años después de la fecha en la que ella se encontraba, y allí estaba Silvia, la magia había dejado de ser materia prohibida, y ella estaba dando clases de Historia de la Magia en una prestigiosa universidad. Pero eso no era todo, se había casado con un gran mago y había dado a luz a la niña más preciosa que una madre pueda desear. Era un futuro perfecto, pensó, y acto seguido se quedó dormida.

20 años después, ninguno de los sueños de Silvia se había cumplido, y ella era ahora la dependiente de aquella tiendecita en la que había comprado su bola de cristal.

¿Qué le había ocurrido? Todo tiene una sencilla explicación. Silvia había visto su futuro a partir del momento en el que había dejado su mente en blanco, y al ver que sus sueños se cumplían, dejó de pelear por ellos, pensando que ya se cumplirían de una u otra forma.

Ahora yo te pregunto a ti, que has leído esto: ¿prefieres ver tu sueño cumplido, o vivir tu vida persiguiendo cumplirlo? Si le preguntas a Silvia te dirá que, sin duda, hubiera preferido no conocer su futuro, y haber vivido persiguiendo sus sueños, ya que está en nuestras manos, y no en las de nadie más, poder cumplirlos.

domingo, 22 de junio de 2008

Condenada

Y corrí, perdiéndome en el interior de aquel hermoso, pero a la vez, siniestro bosque. Las ramas golpeaban con fuerza mi cuerpo y mi cara, y a mi paso los animales huían atemorizados. Al percatarme de esto, me di cuenta de que yo también estaba huyendo, y no recordaba de qué. Algo me había asustado, una sensación, una sombra, ¿o quizás estaba huyendo de mi misma? Por más que lo intentaba, no lograba averiguar qué era lo que me había hecho correr de esa manera.

Cuando sentí que ya me había internado lo suficiente en la espesura del bosque y estaba a salvo, paré a descansar. Una vez que mis niveles de adrenalina se normalizaron me di cuenta de lo cansada que estaba, y, al mirar el reloj, no pude reprimir un pequeño grito de sorpresa que hizo que un búho saliera volando de la rama en la que estaba posado. ¡Llevaba más de una hora corriendo! Para mi habían sido como cinco minutos, había perdido completamente la noción del tiempo.

Decidí sentarme, y de pronto me encontré en una total armonía con aquel bosque. Escuchaba y entendía sus sonidos, y los animales ya no huían de mí. Sentí como si me hubiera fundido con la esencia de aquel inhóspito paraje, que pocas veces había pisado un ser humano.

Y de repente, un escalofrío recorrió mi espalda, sacándome de aquel estado de ensoñación en el que me encontraba. Lo que vi frente a mi me hizo quedarme completamente paralizada. No podía ser, aquella imagen… ¡era yo! Parecía como si el bosque se hubiera callado, ahora únicamente podía escuchar los latidos de mi corazón y la respiración de aquel ser que no sabría cómo describir. Era mi imagen, pero, no podía ser yo. Mi verdadero ser estaba allí, sentado, en la espesura del bosque, mientras que un ser con mi misma imagen estaba de pie frente a él. ¿Qué ocurría?

Entonces, aquella imagen empezó a desvanecerse, y sólo quedó allí una sombra, pero yo continuaba escuchando su respiración, o sus respiraciones, ya que parecía como si ahora hubieran formado un círculo a mi alrededor, mirara dónde mirara, escuchaba la misma respiración, que iba acercándose a mi cada vez más. Y cuando creía que aquel círculo se había cerrado a mi alrededor y ya no tenía escapatoria, desperté.

En cuanto me incorporé, empapada en sudor, alargué la mano hasta el interruptor y encendí la luz. ¿Había sido únicamente una pesadilla? Parecía tan real… Me levanté, me acerqué a la ventana, y allí estaba, aquel bosque que siempre me había dado miedo, en el que nunca me había atrevido a adentrarme, y lo había hecho por primera vez en sueños. Traté de aclarar mis ideas, “sólo ha sido una pesadilla”, me repetí una y otra vez mientras observaba el bosque. Y entonces, los pelos de mi nuca se erizaron, y una respiración hizo que mi corazón diera un vuelco y yo diera media vuelta, muerta de miedo. Pero, allí no había nada, o por lo menos eso pensé al lanzar el primer vistazo a la pequeña habitación. Tuve que tranquilizar los latidos de mi corazón para conseguir escuchar aquella respiración, la misma que había escuchado en mi pesadilla. Pero, ¿había sido una pesadilla o había sido real? De repente lo vi, en la esquina de mi habitación, una sombra, que se dirigió hacia mí. Conforme se acercaba, no me atrevía a mirarla, así que cerré fuertemente los ojos, esperando que aquello fuera también un sueño, y despertar en mi cama de un momento a otro.

Desperté, pero no en mi cama, si no en mitad de aquel bosque, al que había huído, en el que nunca antes me había atrevido a entrar. Desde entonces, trato de encontrar la salida, pero lo único que consigo es desesperarme, un poco más en cada ocasión. Parece que nunca podré salir de aquí. Aún no he conseguido averiguar porqué me han castigado, ya que esto es una castigo, al igual que todos los que he leído en los cuentos y leyendas a lo largo de mi vida: “condenada a vagar eternamente por este bosque, sin encontrar la salida”.

jueves, 12 de junio de 2008

Una visita inesperada

Cuando desperté él estaba allí, en mi habitación, mirándome desde la esquina. Intenté gritar, pero de mi garganta no salió ningún sonido, era como si él me lo hubiera impedido. Pero, ¿cómo lo había hecho? Y más importante, ¿qué estaba haciendo en mi habitación? Quise alargar el brazo para alcanzar el interruptor y encender la luz, pero no podía moverme, ¿qué me había hecho? Me había paralizado por completo, aún no sé cómo lo consiguió. De repente, él me mostró una vela, y, sin mover los labios me dijo que me liberaría de la parálisis si le prometía no gritar ni encender la luz. Aún no sé cómo le dije que sí, ya que no podía articular sonido alguno ni gesticular si quiera, pero él me liberó. Entonces sentí como si me hubieran liberado de unas ataduras que tenía desde hacía muchísimo tiempo. Una vez pude hablar, le invité a que cogiera una de las sillas que había junto a mi escritorio y se sentara. Aceptó la invitación, y se sentó de frente a mí. Colocó la vela que me había mostrado antes en el espacio que quedaba entre los dos. Yo me había incorporado y estaba sentada en mi cama. Cuando la vela iluminó su rostro pude fijarme bien en sus rasgos y sus facciones. Era un hombre, muy joven, quizá un adolescente, y era guapísimo, aunque realmente parecía un fantasma por lo blanco de su rostro. Además, vestía completamente de negro. Me dijo entonces que no era persona como yo, si no que era mitad ángel mitad demonio y vivía condenado en la tierra. Condenado a tener siempre la misma edad, y a sufrir las mismas penas cada año.
Sabía lo duro que era ser adolescente, así que no pude evitar compadecerme de él. Pero no podía explicarme como alguien podía ser mitad ángel y mitad demonio. Él, como si me hubiera leído el pensamiento me dijo que me concedía el derecho de hacerle tres preguntas, pero que las eligiera bien, ya que no me daría una segunda oportunidad para hacerle más. Me dijo también que podía contestarme a cualquier cosa que yo le preguntara, salvo una, que era: ¿existe Dios?
Empecé a pensar en qué preguntas hacerle, pero se me ocurrían tantas que no podía elegir. Por mucho que yo le hiciera esperar él no mostraba ningún signo de impaciencia. Además, me di cuenta de que las tres veces que había mirado el reloj, marcaba la misma hora. Así que él había parado el tiempo… ¿Cuánto llevaría allí? ¿Cuánto tiempo habría estado yo paralizada?
Las posibles preguntas se iban acumulando en mi cabeza y, como una cascada, cada vez llegaban más. Genial, había conseguido un desagradable dolor de cabeza. Así que me decidí a seleccionar entre tantas preguntas y me arriesgué a hacerle la primera de las tres que me correspondían.
¿Cómo podía ser alguien mitad ángel y mitad demonio? Él miró fijamente al vacío antes de responder. Me dijo que su madre era un ángel, pero que discrepaba con la hipocresía que encontraba en el Cielo y, en uno de sus muchos viajes, conoció a su padre y se enamoró de él, sin saber que era un demonio. Cuando al poco tiempo nació él, los habitantes del Cielo se dieron cuenta de su condición de demonio y lo desterraron a la Tierra, donde vivió como si fuera un huérfano hasta que cumplió los 19 años. A esa edad le dijeron la verdad sobre él y qué era lo que había pasado con sus padres. Su madre fue condenada a vivir en el Cielo, sin poder salir de allí, y su padre fue expulsado del Infierno y condenado a vagar eternamente por los diferentes submundos. Él, a su vez, como ya me había dicho, fue condenado a vivir año tras año la edad de 19 años. Según me explicó, un hechizo lo protegía de que la gente lo reconociera, ya que tras haber pasado un año con él, al año siguiente no lo recordaban, y él ya no existía para ellos.
Esa fue su respuesta, y me invitó a hacerle una segunda pregunta. Yo ya me sentía más confiada y me lancé enseguida a preguntarle:
¿Qué hacía en mi habitación esa noche? Por su sonrisa, parecía que ya se esperaba esa pregunta. Me dijo que, como condenado, tenía derecho a visitar una noche al año a alguien hasta que encontrara algún alma dispuesta a liberarle. Según me dijo, llevaba un tiempo observándome; había visto lo mal que lo había pasado a principio de curso, cómo había solucionado mis problemas, como había roto una relación con una amiga, como había ido conociendo y trabando amistad con gente de la facultad que realmente merecía la pena e, incluso, como había madurado. Así que finalmente se decidió a visitarme, y allí estaba esa noche.
Con la mirada, me invitó finalmente a hacerle mi tercera y última pregunta, pero me advirtió que tuviera cuidado, que no la malgastara. Creo que me costó una eternidad decidirme, pero finalmente le pregunté:
¿Qué tengo que hacer para liberarte? De repente, un destello invadió por completo mi habitación,
pareció como si cielo e infierno se dieran la mano, como si firmaran un tratado sobre aquella alma, dejándola libre de todo pecado...

Duró un segundo, quizás dos, pero estoy segura de que a ambos nos pareció eterno. Cuando desapareció y mis ojos se adecuaron de nuevo a la oscuridad pude ver como había un brillo y un color nuevos en su rostro, era como si realmente entonces fuera una persona, y así era. Me explicó que lo único que había que hacer para liberarle era interesarse en como hacerlo, tal y como había hecho yo. Me dijo también que siempre me estaría agradecido por lo que había hecho por él.
Ahora que ya nada me impedía hacerle una pregunta más, le pregunté que sería de él, y me dijo que ahora podría vivir la vida que siempre había soñado al ver como todo el mundo vivía la suya mientras él estaba atrapado.
Cambiaron los papeles, y fue él quien me preguntó si podríamos seguir en contacto a partir de esa noche, y, sin dudarlo un instante, le dije que sí. Entonces él se fue, se desvaneció, no sé cómo, pero aún conservaba y conserva alguno de los poderes de los que le dotaba su condición de híbrido. Miré el reloj, eran las 5 de la mañana, y tenía que levantarme a las siete para ir a clase. Esas dos horas, dormí como si nunca hubiera dormido antes.
Desde entonces,
cada noche le veo en mi ventana, viene a visitarme como el primer día: pero ahora no tengo miedo.